jueves, 20 de enero de 2022

SALMO 49 (Del libro "Aunque las Piedras Callasen. Salmos para el camino")

 


Giróvago

Si te sumerges en mis ojos verdes podrás descifrar los significados. Las secuelas de aquella bomba que todavía estalla en mis oídos; mi dedicación al deporte y a la educación; mi fe en una política que intenta despertar lo mejor de cada persona; la danza: bailar es como deletrear las sílabas de Dios con cada parte del cuerpo. Así he ido atravesando el tiempo errante y peregrino. Consciente del peso y de las huellas. La sabiduría y la inteligencia de lo cotidiano. La lección que te llega por boca de la desgracia y la capacidad de sostener la mirada a la muerte. Y es entonces cuando he atravesado los umbrales de ese hogar eterno. Fuera los miedos y las lamentaciones. Fuera las riquezas que no perduran y las vanidades. Mi voz tiene más luz desde que entraste en mi vida. Sigiloso, como la brisa del atardecer, radiante. Ahora me dedico a servir. Puede parecer una tontería pero intento que todo tenga sentido. Comprar un helado de mango a mí hija, sacar una sonrisa al camarero, quitarle peso a mi mujer, apretar el hombro de ese chaval que no se encuentra… Danzo errante por el barrio. Soy como esos bailarines sufíes que dan vueltas y vueltas buscando el centro. Yo giro y giro rozándome con la gente. Siento, escucho, aprendo, no paso de largo, no evito la mirada. Fuera los miedos y las lamentaciones. Fuera las riquezas y las vanidades. Es tiempo de creer y yo he tenido la suerte de bailar al ritmo del Espíritu. Con una mano hacia lo alto y con la otra mirando a la tierra. Qué imagen más bella. Que todo tenga sentido. Como el latido del corazón; como los brillos del ocaso; como la nube de estrellas. Deja que Dios te posea y el cuerpo será lenguaje. Así es la caligrafía de lo eterno y el mundo sigue girando.




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