domingo, 30 de mayo de 2021

CARI

 Celebramos este día tan bonito y especial en la Iglesia, el día de Caridad. Pan partido, alimento de fraternidad. Y me viene a la cabeza mi amiga Cari, que así se llamaba, mujer recia, siempre sonriente, con luz en la mirada. Su silla de ruedas nunca fue un impedimento para moverse y para mover corazones. Pendiente de cercanos y lejanos, consciente de que una llamada, en ciertas ocasiones, puede aliviar el dolor o hacerte compañía. Su esposo también con limitaciones físicas pero con un alma misionera. Con razón el grupo en el que participaban se llamaba “fraternidad”. Escuchar como hermanos, mirar como hermanos, soñar como hermanos, tratar como hermanos. Una tarea siempre pendiente y tan urgente en este tiempo de discursos gruesos y en el que resulta más sencillo insultar, despreciar, ignorar o cosificar a las personas. A veces la enfermedad, el dolor, ayudan a entender mejor. Cari siempre sorprendía. Cocinando con cariño, compartiendo mesa y pan. No hacía falta avisar. ¿Te quedas a comer? Una partida de ajedrez, un ratito de televisión, una oración juntando nuestras manos. La vida es más amable con casas abiertas, con parábolas de vida, con fraternidad hecha carne. Si todos los que decimos creer en Jesucristo dejáramos de discriminar entre prójimos, “porque si sólo amas al que es tu amigo, ¿en que te diferencias del que no cree?”

Cari fue una estrella de luz. Sus mejillas sonrosadas hablaban de Dios. Nunca faltó licor de alegría y de ternura en sus ojos. Ellas son las que transforman nuestro pequeño mundo.