sábado, 18 de junio de 2022

MADRENUESTRA


Madre nuestra que estás en el tiempo y en las horas, en las noches de hospital y en las puertas de la cárcel; Tú que eres creadora y universal, que sabes lo que es llevar en tu vientre la vida, y engendrar, y dar a luz; Benditas sean tus manos de cuidado y de ternura, las que acarician, abrazan y soportan el duro trabajo; Muévanse los corazones para ser agradecidos por el don y el regalo, por saberse protegidos y amados; Disculpa los excesos del egoísmo y de la soberbia que hacen al ser humano romper con su maternidad primigenia y le devuelven a la prisión de su mundo limitado; Ábrenos a la gracia de los atardeceres en silencio y de las risas compartidas; Muéstranos las lágrimas por el dolor que nunca será sólo tuyo; Libéranos de los males de nuestro mundo, especialmente, de la indiferencia; Infunde palabras de consuelo y de cariño para que nos acompañen en el corto o largo camino de nuestra vida; Y sácianos del alimento, que nadie prepara como tú, el que colma nuestros cuerpos y nuestros espíritus; Amén.




lunes, 11 de abril de 2022

GUERRA


Se ha roto la cáscara del huevo y asoma la cabeza de serpiente. En sus ojos se ve el silencio y la muerte. Su lengua escupe el veneno que atraviesa cada palmo de la piel. Dicen que se arrastra por una especie de castigo divino, pero su movimiento es como una danza sálmica y ritual. El mal existe. Existen demonios y diablos, en cada uno de nosotros, capaces de romper el alma hasta la extenuación. No siempre es fácil reconocerlos: se mezclan entre los ángeles, caminan como uno más, dibujan sonrisas y desprenden leche y miel. Se disfrazan de mentira y entonan cánticos de sirena para robarte la paz. Siempre ha habido y habrá conflictos. Siempre ha habido y habrá guerras. Guerras silenciadas y oscuras. Guerras vergonzantes y abusivas. Jesús lo sabía. Él estuvo del lado de las víctimas. Sufrió los golpes y la difamación. Nunca dejó de mirar a los ojos, de creer en el ser humano, de enamorarse de la vida, de perdonar sin aliento. Perdió el miedo a la muerte y entonces brotó la primavera. En él nuestra esperanza y nuestra fe siguen teniendo sentido, aunque sea con este nudo en el estómago.




lunes, 28 de febrero de 2022

LA MENTIRA



La mentira anida con facilidad en nosotros. Se cuela de forma sutil. Sus muletillas son: “todos lo hacen”; “no tiene tanta importancia”; “es más prudente”. Así se va alimentando un río de superficialidad, de complacencia, de hedonismo, incluso espiritual.

La acomodación y el bienestar son la parálisis de la vida entregada: “tú cede, así serás más valorado, más reconocido, más considerado, llegarás más lejos”. Más lejos ¿de dónde? Más lejos ¿de qué? Más lejos ¿de quién?

¿De Dios? ¿De la escucha? ¿De la comprensión? ¿De la sinceridad?

Ya a los niños se les educa. Mejor que no vean ciertas cosas; que no entren en los hospitales, en las residencias, en zonas de pobreza o exclusión. Se les oculta y se les niega el dolor, la enfermedad, el sufrimiento, la muerte. Como si por no verlo, no existiese.

Y nos protegemos con las apariencias, con disfraces, con trajes y caretas, pensando que así, a lo mejor, no ven nuestra piel, nuestra debilidad, la fragilidad que nos acompaña. Precisamente esa que el Señor conoce y por la cual se conmueve y nos ama.

Y como cada atardecer rezamos el mismo cántico del magníficat: Proclama mi alma la grandeza del Señor por que lo que ha mirado es la humildad de su esclava.

  




jueves, 20 de enero de 2022

SALMO 49 (Del libro "Aunque las Piedras Callasen. Salmos para el camino")

 


Giróvago

Si te sumerges en mis ojos verdes podrás descifrar los significados. Las secuelas de aquella bomba que todavía estalla en mis oídos; mi dedicación al deporte y a la educación; mi fe en una política que intenta despertar lo mejor de cada persona; la danza: bailar es como deletrear las sílabas de Dios con cada parte del cuerpo. Así he ido atravesando el tiempo errante y peregrino. Consciente del peso y de las huellas. La sabiduría y la inteligencia de lo cotidiano. La lección que te llega por boca de la desgracia y la capacidad de sostener la mirada a la muerte. Y es entonces cuando he atravesado los umbrales de ese hogar eterno. Fuera los miedos y las lamentaciones. Fuera las riquezas que no perduran y las vanidades. Mi voz tiene más luz desde que entraste en mi vida. Sigiloso, como la brisa del atardecer, radiante. Ahora me dedico a servir. Puede parecer una tontería pero intento que todo tenga sentido. Comprar un helado de mango a mí hija, sacar una sonrisa al camarero, quitarle peso a mi mujer, apretar el hombro de ese chaval que no se encuentra… Danzo errante por el barrio. Soy como esos bailarines sufíes que dan vueltas y vueltas buscando el centro. Yo giro y giro rozándome con la gente. Siento, escucho, aprendo, no paso de largo, no evito la mirada. Fuera los miedos y las lamentaciones. Fuera las riquezas y las vanidades. Es tiempo de creer y yo he tenido la suerte de bailar al ritmo del Espíritu. Con una mano hacia lo alto y con la otra mirando a la tierra. Qué imagen más bella. Que todo tenga sentido. Como el latido del corazón; como los brillos del ocaso; como la nube de estrellas. Deja que Dios te posea y el cuerpo será lenguaje. Así es la caligrafía de lo eterno y el mundo sigue girando.




domingo, 5 de diciembre de 2021

EN UN BANCO AL FONDO DE LA IGLESIA

 Cuando Jesús nació pensaba en José. Hasta hace unos días José vivía en la calle, rodeado de cartones, con su perrillo y su lata de cerveza. Ahora José comparte un pequeño piso. Por lo menos tiene un techo y una cama aunque soporta tremendas discusiones. Le gusta ayudar y, como dice él, le viene bien para estar ocupado y tener algunas obligaciones. Los lunes viene a la parroquia y limpia el patio con una delicadeza que para sí quisieran muchos jardineros profesionales. El otro día empezó tirar de las partes secas de la enredadera y acabó recortándola por completo. Cuando termina su tarea nos tomamos un café juntos y aprovechamos para charlar un rato. Con su historia se podrían hacer algunas teleseries y aun daría para varias secuelas. Normalmente, cuando llega, se sienta en algún banco del fondo de la iglesia y reza tapando con las manos su redonda cara.

Son los Josés, las Marías, los sencillos, los que sólo tienen historias que contar y corazones en reparación, los que nos han traído al Dios con nosotros. Jesús, cuando nació, pensaba en José. Desde entonces ya le amaba y arropaba sus sueños mucho antes de que él le rezase en un pequeño banco en el fondo de la Iglesia. Y mientras José cuida de su jardín y, hasta en ocasiones, toman café juntos.




sábado, 6 de noviembre de 2021

COMO UN VOLCÁN

 


Todos nos hemos visto sobrecogidos por las hipnóticas y devastadoras imágenes del volcán de La Palma. Una vez más la naturaleza marca un ritmo que nos deja a contrapié. Casas sepultadas, plantaciones arrasadas, proyectos de vida e historias quebradas por una tierra que ruge y escupe toda su energía y su furor. En la boca de muchos palmeros, además de las lágrimas y del dolor, un mantra repetido: tenemos que mantener la fe y la esperanza. Cuando nos quedamos sin nada queda lo esencial. Transcender y transcendernos; descubrir que “somos” con, por y para los otros; solidarizarnos, empatizarnos y creer. Estamos saliendo de una pandemia, recuperándonos de Filomena, viendo pasar gotas frías con más frecuencia. Parece que hay una voz que se empeña en traernos del lado de la humildad. Tal vez sea tiempo para construir algo nuevo, no algo de masas, ni por decreto, ni sujeto a ideologías rancias o prejuicios frentistas. Algo que nace de lo pequeño, como el grano de mostaza. Algo que está dentro de ti y que quiere despertar como un volcán.





miércoles, 6 de octubre de 2021

AMIGO

 


Amigo es una palabra muy grande, muy bella, muy del evangelio. A veces llamamos amigos a gente conocida, a compañeros de trabajo, a cómplices de diversión. Algunos lo son, la mayoría no. La amistad, como todo lo bueno y valioso de la vida, es un regalo. Cuando nos hacemos regalo para los demás sembramos amistad. Hay gotas de agua que riegan esta planta: la confianza, la disponibilidad, el equilibrio, la aceptación, la discreción, la prudencia, la generosidad. El amigo tampoco es el omnipresente, (hoy los jóvenes dirían "amigo especial" o "mejor amigo"), sino el que, como la luna, sabe brillar y ocultarse pero siempre está. No es de extrañar tener presente hoy esa frase tan repetida: “Quien tiene un amigo tiene un tesoro”. Hoy quiero agradecer de corazón la amistad de alguien que ha sido un verdadero tesoro, (y seguirá siéndolo), para Madrid, para Cáritas, para la Iglesia y para nuestro mundo tan necesitado de amigos, de regalos y de luz. He aprendido mucho, y espero seguir aprendiendo, con rostros diferentes, haciendo camino, equivocándonos y acertando, pero siempre enriqueciéndonos.

Esta es la diferencia: ser capaces de marcar la diferencia en el ser y en el hacer. Por lo recorrido y lo que nos queda: ¡Gracias!

A Javier




martes, 29 de junio de 2021

MESA CAMILLA

 


Amiga siempre voy a recordarte. Tu lenguaje era el lenguaje de un tal Jesús, sencillo, que se servía de cuentos y pequeñas historias para ponerlo al alcance de todos. Como te gustaba decir: “un Dios de mesa camilla”. Un café, un trocito de pastel compartido, un vasito de vino dulce ¿qué puede ser más divino? Claro que encontramos la presencia sagrada en la Iglesia y en el templo, pero tú encontrabas rastros de ella en la sala de espera de una peluquería, junto a las revistas del corazón, en el descansillo de tu casa. Conseguías ese milagro de la verdadera comunicación, mirar lo que se esconde debajo de la piel, tocar el centro y prender la llama. Recuerdo cómo te ilusionabas con las aulas de cultura haciendo que cada mujer se sintiese especial y viva. Pero lo que principalmente te provocaba eran los desafíos y los retos: asomarte a la Casa de Campo para mirar a los ojos a esas chicas de la carretera; acompañar la soledad de las pérdidas o de las familias; derramar tu tinta como un calamar que lanza chispas de luz hacia el alma. Hay gente especial como tú. Bueno tú dirías que todos somos especiales, el arte está en saber descubrirlo y ponerlo en valor. Compañera de camino, es una suerte haber compartido tantas mesas camillas contigo. Eres afortunada. Ahora estarás bromeando con algunas de tus chicas, con un café (en el cielo tiene que haber café), y jugando a las cartas con Dios. No nos olvides, sigue ayudándonos a saber mirar, a encontrar lo divino en la peluquería, en el supermercado, en la puerta del vecino, en cada atardecer. Gracias.

 

A Mari Patxi



domingo, 30 de mayo de 2021

CARI

 Celebramos este día tan bonito y especial en la Iglesia, el día de Caridad. Pan partido, alimento de fraternidad. Y me viene a la cabeza mi amiga Cari, que así se llamaba, mujer recia, siempre sonriente, con luz en la mirada. Su silla de ruedas nunca fue un impedimento para moverse y para mover corazones. Pendiente de cercanos y lejanos, consciente de que una llamada, en ciertas ocasiones, puede aliviar el dolor o hacerte compañía. Su esposo también con limitaciones físicas pero con un alma misionera. Con razón el grupo en el que participaban se llamaba “fraternidad”. Escuchar como hermanos, mirar como hermanos, soñar como hermanos, tratar como hermanos. Una tarea siempre pendiente y tan urgente en este tiempo de discursos gruesos y en el que resulta más sencillo insultar, despreciar, ignorar o cosificar a las personas. A veces la enfermedad, el dolor, ayudan a entender mejor. Cari siempre sorprendía. Cocinando con cariño, compartiendo mesa y pan. No hacía falta avisar. ¿Te quedas a comer? Una partida de ajedrez, un ratito de televisión, una oración juntando nuestras manos. La vida es más amable con casas abiertas, con parábolas de vida, con fraternidad hecha carne. Si todos los que decimos creer en Jesucristo dejáramos de discriminar entre prójimos, “porque si sólo amas al que es tu amigo, ¿en que te diferencias del que no cree?”

Cari fue una estrella de luz. Sus mejillas sonrosadas hablaban de Dios. Nunca faltó licor de alegría y de ternura en sus ojos. Ellas son las que transforman nuestro pequeño mundo.




sábado, 24 de abril de 2021

SOLEDAD

 “Y de todas las formas, al fin y al cabo, solo como al principio.” Podría haber sido una frase del evangelio por su fuerza y su hondura. Pero es de un conocido cantautor, Hilario Camacho, y me acompaña desde chaval. Vivimos tiempos de soledad, esa soledad que en muchos casos te seca el corazón y la mirada. “Me he dado cuenta de que de las treinta amistades que tenía ninguna era realmente importante”, me decía un joven el otro día. Soledad en el espejo. Soledad en el trabajo. Soledad en el bullicio de los bares, (con o sin mascarilla). Soledad de la televisión y de las aplicaciones de internet. Soledad de los diálogos de familia. Soledad al acostarte. ¿Desgracia u oportunidad? “Y de todas las formas, al fin y al cabo, solo como al principio”. Es tiempo de escucha. Escuchar los ecos de nuestro pecho, la voz de Dios. En la soledad y en el silencio resuenan los latidos de nuestro corazón. Ritmo constante y sereno. Ritmo acelerado o enérgico. Cuando nos adentramos en su danza es como descubrir una compañía: la respiración que se mece bajo los hilos de la eternidad. Poner tu mano sobre las tripas y sentirte. Qué importante es sentirnos. Ahora podemos acompasar nuestros pasos con el latido de la humanidad: con el de tu vecina, con el de tu hermano, con el de tu tendero. Solos pero parte de un conjunto, como una pincelada en medio de este cuadro inmenso y maravilloso. “Y de todas las formas, al fin y al cabo, solo como al principio” O tal vez no.



martes, 6 de abril de 2021

CON LA PRIMERA LUNA DE PRIMAVERA

 El brillo de esa primera luna de primavera anuncia la vida y la resurrección. Cristo ha resucitado en Sevu o en Basile, el capellán de la Fundación Jiménez Diaz o del Hospital de la Princesa, (y otros muchos capellanes), que han dejado tantos gestos de esperanza en enfermos de pandemia, de soledad y de miedo. Ha resucitado en ese grupo de personas que prepara la Iglesia limpiando y recogiendo cada sábado para que el templo esté a punto para todos nosotros cuando llega la semana. Brilla su resurrección en aquellas mujeres y hombres que hacen de la caridad y de cáritas no una palabra si no una mesa compartida, un tiempo para la escucha y para acompañar. Cristo ha resucitado en las familias, catequistas y los niños que cada semana cantan, hablan de Dios, dan palmas y celebran que Jesús es su amigo y compañero. Resucita el Señor en la sonrisa de los jóvenes que leen la palabra, que se divierten y se entregan pensando en un mundo mejor. La resurrección brilla en las hermanas que, con humildad, se preocupan, construyen, consagran sus esfuerzos y sus afectos como el buen samaritano. Resurrección en cada visitador de enfermos o de personas mayores que reciben calor, eucaristía, alimento y cercanía. Cristo ha resucitado en nuestras pobrezas, llenas muchas veces de maquillaje y de mentira, pero siempre acariciadas con ternura por la misericordia de Dios. Resurrección en el que es capaz de dar gratis, de compartir lo poco o mucho que tiene, de mirar a los ojos, de no criticar, de contemplar, de ser constructivo. Ha resucitado en los compañeros que te ven llorar, reír, callar, cantar, que hacen realidad esa fraternidad del padrenuestro. Resurrección cuando se te acaban las palabras, cuando ves la llama apagarse y necesitas volver al fuego primigenio. Ha resucitado en los que se exponen, los que no se conforman, los que no pretenden cumplir un expediente, si no emborracharse de verdad y de vida, y por eso buscan.

Resucito, con la primera luna de primavera. La noche pasada se asomaba en mi ventana y su brillo me despertó. Despertemos. Él ha vencido a la muerte, a las pandemias, al egoísmo, a la soledad, al sufrimiento vacío. Cristo ha resucitado, aleluya, aleluya.  



  

lunes, 5 de abril de 2021

FUGITIVAS (Y FUGITIVOS)

"Ellas salieron huyendo del sepulcro, pues un gran temblor y espanto se había apoderado de ellas, y no dijeron nada a nadie porque tenían miedo..." El final del evangelio según Marcos es así de abrupto. No acaba como los otros con apariciones del Resucitado, envío de los Doce o palabras de consuelo y debió resultar tan chocante para las primeras comunidades, que le añadieron un final menos desconcertante. Sin embargo, bajo la cáscara amarga del final primitivo, esas mujeres fugitivas son una almendra a saborear: habían acudido siguiendo la costumbre de lo conveniente y adecuado, pero nada sucedió como esperaban: por mucho que madrugaron, ya el sol se les había anticipado; se preguntaban cómo iban a mover la piedra y la piedra estaba ya corrida; llevaban perfumes para embalsamar un cadáver, pero el lugar estaba vacío; buscaban a un crucificado y les anunciaron a un Viviente. Nadie acogió los perfumes de sus manos: se los cambiaron por una misión confiada a sus voces, hasta entonces silenciadas. El lugar cerrado se había convertido en un espacio abierto que debían abandonar y no volver a rondar nunca más: era en Galilea donde él iba a preceder a los suyos. En lugar de un cuerpo, habían recibido una palabra, ya no podían seguir estando en los lugares que antes frecuentaban. Estaban enfrentadas a un acontecimiento inesperado e inaudito que sobrepasaba todas sus capacidades. Por eso reaccionaron con estupor y sobrecogimiento, lo mismo que Pedro, Santiago y Juan cuando Jesús se transfiguró en el monte ante ellos; lo mismo que los discípulos después de la tormenta en el lago, o los que vieron en pie a la hija de Jairo. Lo mismo que las mujeres, escuchamos hoy el mismo anuncio: “Ha resucitado, no está aquí. Mirad el sitio donde le pusieron” y estamos convocados a hacer lo que ellas hicieron - convertirse en fugitivas- y escapar de tumbas tan vacías como estas: La tumba de la inocencia perdida, aquella dulce ignorancia que nos protegía en aquel tiempo añorado de la “normalidad”, cuando vivíamos ajenos a la realidad de que éramos tan vulnerables y nuestra especie estaba tan amenazada; cuando dábamos por supuesto que se nos iba a impedir reunirnos, abrazarnos o marcharnos a la segunda vivienda; cuando imaginábamos que los viejecitos estaban cuidados y a salvo en sus residencias; cuando la mascarilla de los chinos nos parecía una costumbre exótica suya, lo mismo que comer pangolín que, gracias a Dios, aquí no tenemos; cuando nos parecía que lo del IMV era para los pobladores de la Cañada Real, pobrecillos; cuando pensábamos que de la precariedad de los temporeros y de su hacinamiento, ya se ocupaban las inspecciones de trabajo; cuando al oír “colas del hambre” pensábamos que era una serie distópica de Netflix. Se nos han caído muchas vendas de los ojos y tiritamos a la intemperie, pero la lucidez es mejor que el engaño y con la verdad viene la libertad, como dicen que decía Jesús. La tumba de los Desalentados sin fronteras, ese depósito de tinta de calamar que vamos expandiendo a diestro y siniestro mientras avanzamos como los zombies de The Walking dead: “lo dije desde el principio: nadie aprenderá nada de la crisis”, “ya es tarde para frenar el cambio climático”, “no hay solución para tanto desastre”, “¿Fratelli tutti? Pura utopía”, “¿qué te apuestas a que va a llegar la cuarta ola?”, “dicen que para las nuevas cepas del virus no sirve la vacuna…” La tumba del solo “devote”. Cuesta ponerlo en relación con las tumbas porque, de entrada, es una alegría el auge de la adoración eucarística, escuchar de nuevo el “Adorote devote” y ver a gente joven de rodillas y en silencio ante la custodia. Pero precisamente por ser algo precioso hay que salvarlo de derivas peligrosas: que el “adorote” se quede solo en el “devote; que algunos celebrantes compitan en ver quién resiste más tiempo en la elevación; que el movimiento de adoración y de mirar a Jesús, no nos encienda el deseo urgente de vivir como él una vida “ex-puesta”; que su Presencia, tan accesible y disponible en la simplicidad del pan, no nos contagie su pasión por el derecho de cada ser humano a comer y a vivir; que no se prolongue en forma de conciencia inquieta por las desigualdades pavorosas acentuadas por la pandemia; que se convierta en una burbuja insonorizada al viento del Espíritu y nos asfixiemos con el humo del incienso. Son tumbas “de rabiosa actualidad” y hay que escapar de ellas a toda prisa dejando, eso sí, los sudarios cuidadosamente doblados. Leamos hasta el final el evangelio de Marcos porque ahí se hace posible la coincidencia entre la condición de mujeres fugitivas con la de discípulos convocados. Y como alegría extra, una fantástica propina de este año al Notición de Pascua: se ha levantado el corte perimetral y podemos viajar libremente a Galilea.

Mirad, estamos subiendo a Jerusalén…

Estaban subiendo. Lo sabía él y lo sabían los discípulos que le acompañaban. El paisaje familiar de Galilea se iba quedando atrás y la fatiga de la subida pesaba ahora sobre sus cuerpos cansados; lo sabían sobre todo por la inquietud que llenaba sus corazones de oscuros presagios. El Maestro se había puesto en cabeza y caminaba con paso rápido; ellos iban detrás más lentamente, como si quisieran retrasar el momento de la llegada. Mientras subía, Jesús era consciente de que, una vez más, la contradicción y la paradoja estaban rozando su vida. Había intentado infinitas veces enseñar a sus discípulos a “bajar”, a sospechar de su deseos de ascenso y dominación y a elegir en cambio los lugares de abajo, allí donde se mueven y habitan los que carecen de poder y significatividad, los que parecen haber nacido para cargar con los pesos de otros. El tema del descenso aparecía una y otra vez en sus palabras y, sobre todo, en su vida: en medio de un mundo en el que casi todos ambicionaban estar arriba, él, calladamente, había decidido plantar su tienda en dos lugares “de abajo”, en dos pequeños pueblos tan perdidos como Belén y Nazaret. Conocía de primera mano lo que era vivir “fuera”, incardinado entre aquellos que ni entonces ni ahora tienen sitio en las posadas del mundo. Para él ninguna herida era incurable y ninguna brecha irremediable y su poder de sanar y transfigurar los alcanzaba en lo más hondo del abismo. Ahora, en aquel lugar encumbrado, en la altura del Templo, en la Jerusalén situada en lo alto del monte Sión, a él le esperaba un huerto en lo más hondo del torrente Cedrón, los sótanos de los palacios de Caifás y Pilato, un montecillo fuera de las murallas donde crucificaban a los malhechores, un sepulcro excavado en una cueva. Subían, pero él era consciente de que había emprendido su último descenso.

jueves, 1 de abril de 2021

EN PATERA

 Estos días se recuperan muchas imágenes y símbolos religiosos: Vírgenes con lágrimas que ruedan por sus mejillas; Cristos coronados de espinas y con vestiduras moradas; Imágenes yacentes con gestos doloridos; Pasos que describen, en el fondo, una historia de amor. Recuerdo cuando era niño que mis padres me llevaron alguna vez por el centro a alguna procesión. Se me quedó clavada en la retina la imagen de los nazarenos con sus capirotes, los pies descalzos al unísono, sentí algo parecido al estupor y al miedo. Hoy esas instantáneas de la Semana Santa, que no procesionarán por culpa de la pandemia, se hacen pasos vivos en muchos lugares del mundo. Pateras de espinas para personas que se agolpan en las fronteras de África o de Latinoamérica o en muros levantados por el miedo y el rencor. Lágrimas por la mejilla de muchas madres, algunas embarazadas, que ven como su esperanza se tambalea al ritmo de una olas que tan pronto son condición de posibilidad como amenaza de muerte. Cristos despojados de sus ropas, de su dignidad, con esa mirada agónica que tan extraordinariamente recogieron nuestros imagineros a lo largo de la historia. Estos días podremos contemplar en silencio la procesión del dolor, del escarnio, del juego en el tablero con fichas de piel y nombre propio. Ojalá nuestros templos sean puerta, hogar, casa común. Ojalá nuestra Iglesia sepa mirar a los ojos de estos “nazarenos” con la ternura y la devoción que mira a esas imágenes de madera o de escayola. Será signo de que llega la primavera, de que Cristo está cerca, de que la luz vuelve a brillar y de que Jesús ha resucitado. Movamos la piedra.






domingo, 21 de marzo de 2021

SALIR DE PANDEMIA

 Cuando éramos jóvenes nos íbamos de pandemia. Qué tiempos aquellos, con nuestras mascarillas y nuestros geles hidro alcohólicos. Todo eran juegos de miradas, guiños y distancias. A veces me ruborizaba por dentro, que es como ponerte colorado contra la pared. Bailábamos con las manos en la espalda, como los rusos, y esperábamos alguna ocasión para rozarnos sin querer y pedir perdón. Si respiraba muy fuerte se me humedecía el hocico y, no sé porque, me entraban las ganas de reír. La risa también es contagiosa y antes de que cantara el gallo ya estábamos todos riéndonos como locos y bailando con las manos en la espalda. Si éramos demasiados se quedaban en la puerta esperando: uno en el primer piso, otro en el segundo, otro en el tercero, algunos en la terraza que, como estaba al aire libre, permitía más gente. Lo de lavarse las manos era una movida: que ibas a sacar bebida: te lavabas las manos; que ponías la música: te lavabas las manos; que picabas algún canapé: otra vez a lavarte las manos. Eso sí, que bien me olían a ese jabón de lavanda que tanto me gusta, pero como no podía acercarme a nadie solo me daba cuenta yo de la fragancia. Y luego como la cenicienta, a las doce corriendo para casa; yo sí que he perdido algún zapato entre carrera y carrera. Todo lo que cuentan tiene parte de verdad y parte de leyenda. Esto de ir de pandemia tiene su edad y si te descuidas se te pasa el arroz. Muchos han dejado de ir por miedo. Otros ya se tele divierten sin pudor y sin mascarilla. Lo confieso, yo a veces en casa me huelo las manos después de lavarlas con ese aroma de lavanda, me pongo las manos en la espalda y bailo solo hasta humedecer el hocico; entonces rompo a reír como un descosido, que la risa es contagiosa y cuanto la necesitamos.




Juan del Rio Martín, "Nuevos apuntes para la vida"

Para un historiador que lee un texto que llama su atención, la biografía del autor es generalmente decisiva porque sus preocupaciones y su carácter ayudan a comprender lo que escribe desde su interioridad, dado que existe generalmente una íntima correlación entre ambos. El libro que presento propone muchos temas de gran actualidad y en su desarrollo nos es dado intuir cómo trabaja y cómo piensa su autor, cómo actúa y qué siente en su vida pastoral, en su tratamiento intelectual de los acontecimientos y en su actividad sacerdotal. Juan del Rio ha desarrollado en su vida un itinerario coherente, marcado sensiblemente por sus preocupaciones pastorales, visiblemente presentes en los diversos puestos ministrados como sacerdote y como obispo, como coadjutor y párroco, como consiliario y, especialmente, como “inventor” innovador del servicio de asistencia religiosa (Sarus) de la universidad de Sevilla, como profesor en la misma universidad y en el Centro Teológico de la archidiócesis, como obispo de Asidonia-Jerez y arzobispo Castrense de España. Ha mantenido una preocupación meditada por los medios de comunicación social tanto entre los obispos de Andalucía como en la Conferencia Episcopal, y ha insistido de palabra y obra sobre su importancia decisiva en la adecuación y renovación de la pastoral eclesial. Conoce pues bien los diversos campos eclesiales porque ha participado directamente en algunos de ellos y en otros los ha estudiado, meditado y enseñado. Si a esto añadimos su sentido de la amistad y de la colaboración allí dónde se encuentra, comprenderemos mejor el sentido de sus textos y su propia disponibilidad al exigir el cumplimiento del compromiso cristiano. No hay muchas personas para quien Dios es real y siempre cercano, y estos textos indican su necesidad y el modo de conseguirlo. ¿Qué denotan la notas y reflexiones que encontramos en estas páginas que presentamos? En primer lugar, su cercanía y conocimiento de los cuatro papas que ha conocido directamente. Juan XXIII es el convocó el concilio al que sigue filialmente el autor, Juan Pablo II le nombró obispo, Benedicto XVI cuya doctrina, actuación y renuncia explica y comenta con unción, y Francisco, el papa que le ha abierto horizontes y audacias evangélicas. Juan del Rio ha nacido en Ayamonte, ha crecido y ejercido en Sevilla, ha sido obispo de Jerez. Su asimilación teológica de la religiosidad popular es creativa y profundamente seria. Su predicación en las Cofradías, en el Rocío y entre los universitarios consiste en una profundización y asimilación de la ternura humana ante el cariño sobrenatural de Cristo y de su madre por los seres humanos. Sus breves textos en el libro nos ayudan a comprender el significado profundo de una religiosidad no siempre bien ejercida ni bien comprendida. Este libro conecta las facetas diarias de la vida religiosa de los cristianos, con un estilo nada alambicado ni rutinario ni clerical sino marcado por la espiritualidad profunda de san Juan de Ávila y el sentido común de un humanista actual. No habla de memoria sino con una espiritualidad asimilada y tamizada por su contacto diario con cuanto significa sor Ángela de la Cruz, con el hombre y mujer de la calle y con los soldados que temen por su vida en Afganistán o en el Líbano. Aunque los jóvenes cristianos actuales parecen creer sin pertenecer ni formar parte de la Iglesia, este libro parece tener en cuenta, también, a los jóvenes soldados que viven en peligro de muerte y que piden más conscientemente el bautismo o la confirmación porque se sienten más cerca de una Iglesia que ofrece la salvación. Reflejan también la calidad instructiva de las páginas el apunte dedicado a las vacaciones, un consejo sapiencial sobre sobre la capacidad de gozar de un tiempo tan especial, tan propicio para pensar, conocernos mejor, leer páginas que enriquezcan nuestra mente y nuestro espíritu. En cada página está presente el sentido de comunión y diálogo, palabras que resuenan con más rotundidad en una sociedad tan enfrentada como la nuestra y son más reconocibles y ambicionadas por su débil presencia en una Iglesia como la española, dividida, fraccionada en sectas, con proclamas inalcanzables y con ambiciones más relacionadas con la miseria y la miopía mundanizada de muchos clérigos que con las verdaderas urgencias eclesiales. Lo comprobaremos en la preparación y el desarrollo de las próximas elecciones en la Conferencia episcopal.

Bomba de relojería

“Esta situación es una bomba de relojería”. Los obispos callan, pero siguen, atónitos, los vaivenes de la montaña rusa en que se ha convertido el día a día de la política en España. Primero Cataluña. Y ahora lo de la fallida moción de censura en Murcia y, sobre todo, Madrid, con los sendos órdagos lanzados por dos de los representantes políticos que más crispan en todo el país, Pablo Iglesias e Isabel Ayuso, el uno lanzado al nuevo ‘no pasarán, y la otra al ‘comunismo o libertad’ “Lo que está pasando no ayuda a confiar en la clase política, todo lo contrario. No hay liderazgos que nos devuelva la confianza, lo que incide en el descrédito de lo político”, señala un obispo muy preocupado por lo que se nos puede venir encima como sociedad. “La moción de Murcia ha dinamitado muchas cosas y se perderá también un tiempo precioso. Definitivamente, viene en un mal momento, porque no estamos para políticas frívolas como las que estos hechos demuestran y todo se está radicalizando demasiado”. Frivolidad y colas del hambre Efectivamente, esta “política frívola” llega cuando la pandemia sigue campando por sus fueros, con más de 70.000 fallecidos, y subiendo; con una población exhausta, afectada por una contracción económica del 11%, la mayor desde la Guerra Civil, que ha llevado a las colas del hambre a medio millón de personas que nunca antes habían pensado llegar a tener que mendigar, como muy bien sabe Cáritas, que durante este primer año desde la declaración del estado de alarma ha visto cómo llamaban a sus puertas un 57% más de demandantes de ayuda… “La distribución de recursos económicos a través de las ayudas públicas es lo que ha parado los intentos más revolucionarios que hemos vivido en los últimos tiempos, porque esta situación es una bomba de relojería”, apunta el prelado, que ve también cómo la inesperada convocatoria electoral en Madrid fruto de un tactismo político puede comprometer la gestión de las fondos que se espera que lleguen de Europa como agua de mayo para las ayudas directas a las pequeñas empresas y los autónomos que están con el agua al cuello. Aunque a algunos de sus miembros les rechinen los dientes, el Episcopado asiste con mucha prudencia a estos acontecimientos. No quieren dar ni el más mínimo motivo para que la tomen con ellos y convertirse en los chivos expiatorios. Han querido tentarles con el listado de las inmatriculaciones y hasta el Gobierno ha tenido que salir a darles la razón. En este momento de “polarización” prefieren hacerse a un lado, tejer su red de contactos en donde se pueda dialogar desapasionadamente y tener a punto, como siempre, su impresionante tejido asistencial, siempre presto a echar una mano. El peligro del populismo Pero el aviso ya está hecho. Primero durante su discurso inaugural en la Plenaria de noviembre, donde el cardenal Omella ya advirtió de los peligros del “virus de la polarización”. Y hace unas semanas, en unas jornadas organizadas por la Universidad Pontificia Comillas, donde el presidente de la Conferencia Episcopal, afirmó que “si esto no se corrige [los desiguales efectos de la pandemia y la crisis económica consiguiente], puede ser el caldo de cultivo de una explosión social, con el auge de los populismos y las dictaduras”. Las esperanzas de desinflamar la enloquecida vida política en España pasan, en opinión de las fuentes episcopales consultadas, por la gestión de las vacunas. “Vamos a ver si con ellas puede mejorar la situación y estimular el turismo para que el año próximo comience la remontada. Pero no nos olvidemos de que hay gente que no puede esperar ni a octubre ni a noviembre de este año”, añaden. La encrucijada de Felipe VI Pero lo más importante es no seguir crispando el ambiente político de tal manera que acabe contagiando a la sociedad. “Se necesita que al otro de las trincheras se generen unos mensajes de más cordura, más al estilo de Salvador Illa”, dice un obispo, precisamente no muy de la cuerda del ex ministro socialista y católico confeso, por más señas… “Pero si PP y PSOE están a la greña, toda la situación política se corrompe, como estamos viendo, y se retrae la salida a esta crisis”, añade, para ponderar las discretas conversaciones que estas formaciones políticas habían empezado a mantener para desatascar el nombramiento de jueces o articular medidas de consenso para sostener a la Corona en un momento tan delicado para Felipe VI, de quien algunos obispos señalan que “está ante una encrucijada que no se le desea a nadie, primero por su padre, el rey emérito, pero también por las hermanas, los cuñados…”. Azuzar a la gente Pero esta polarización no solo puede comprometer la gestión de los fondos económicos liberados por la Unión Europea y que se comprometan las ayudas “y desanimar muchísimo a la gente”. Se teme también que se use para azuzar a la gente. Se percibe ya en las tertulias, en los medios de comunicación, que parecen poner la alfombra al populista de turno. “Y en momentos que podríamos denominar prerrevolucionarios, como lo son los actuales, las personas son muy manipulables”, apunta otro pastor. Y pone el ejemplo de las recientes manifestaciones violentas en Barcelona tras el encarcelamiento de un rapero, con miles de jóvenes en las calles, dirigidos por grupos violentos perfectamente organizados. Y temen que una muerte en uno de estos enfrentamientos de tanta violencia pueda degenerar en lo que más teme el cardenal Omella: un estallido social que haga saltar todo por los aires. Por eso, ahora los obispos callan… Y rezan. Adivinanza “A lo largo de los últimos meses, los políticos que han intervenido en la gobernación del Estado se han movido como si existiera una fuerza superior capaz de resolver los errores debidos a su frivolidad. Como esta fuerza no existía, se les ha deshecho todo en las manos”. ¿Quién es el autor de esta frase? ¿Alguna de estas fuentes episcopales? Frío, frío. Aunque parece dicha esta misma mañana, es de Josep Pla, anotada en su diario -que daría lugar al libro “Madrid. El advenimiento de la República”- el 2 de julio de 1931…

domingo, 28 de febrero de 2021

JUGUETE ROTO

¿Quieres jugar? Preguntó su madre con ojos de nube. La niña corría de acá para allá riendo y saltando. Sus piernecitas volaban entre las cajas de leche y un platito de plástico le servía para preparar esas pipas junto a la calefacción: calentitas y sabrosas. Este año los juguetes vienen rotos: una muñeca vieja de trapo, unos puzles incompletos, la cocina estropeada. Pero a la pequeña no le importa, no los necesita, su boca sigue haciendo pedorretas y baila del salón a la cama porque su mejor juguete es la inocencia y la sonrisa. Mama sí siente vergüenza. No por su niña preciosa: cocinera, gimnasta, loquita de la casa; si no por los juguetes rotos. Parece que se nos ha caído el alma y se nos ha olvidado jugar. Bailar con las manos abiertas hacía el cielo, dejarnos empapar por la lluvia y por los charcos, construir una casa de papel o de madera para que nos proteja del miedo. Los que piensan que un niño necesita de “sus juguetes rotos” han perdido el juicio. Somos nosotros los que necesitamos una mirada limpia y nueva, dispuesta a compartir, a tirarse por el suelo, a rodar y mancharse, a calentar nuestras pipas en la calefacción. Somos nosotros los que, de manera urgente, tenemos que emborracharnos de ternura y de locura, como los niños, para dejar de ofrecer juguetes rotos a un mundo roto, saciado de si mismo.

¿Quieres jugar? Preguntó su madre con ojos de nube. Corre, salta, llora, ríe, súbete a la silla o a la mesa, túmbate sobre la alfombra, haz garabatos en las cortinas, rompe algún juguete. La niña no necesita nada mas para soñar.

¿Quieres jugar?   



  

 

POLARIDADES

Según el diccionario, polaridad “es la condición de lo que tiene propiedades o potencias opuestas, en partes o direcciones contrarias”. Lo de direcciones contrarias nos suena bastante porque seguramente nos habrán acusado más de una vez de comportarnos de manera contradictoria y otras muchas, a regañadientes, hemos tenido que reconocer que era verdad. Consuela un poco que le pasara también a san Pablo cuando decía que no sabía los que le pasaba: en vez de hacer lo que quería, hacía justamente lo contrario (Cf Rom 7, 15). La culpa – decimos- es de esos polos enfrentados que tiran de nosotros en direcciones opuestas y nos llevan a decir por ej.: “yo soy de los convencidos de las bondades del madrugar pero, cuando suena el despertador, pienso ¡cuántos beneficios tiene también el sueño!”. “Soy defensor acérrimo de lecturas serias y profundas y prefiero los documentales de la 2, pero, claro, necesito también distenderme y por eso me engancho a las series de Netflix…”. “El colesterol disparado me ha hecho decidir un cambio en mis hábitos de alimentación, pero tampoco voy a hacerle un feo a mi cuñada que ha traído esta sobrasada de Mallorca… ”.“Ya sé que la oración es importantísima, pero es que no quiero evadirme de la realidad y para no correr ese peligro, nunca le dedico tiempo…” Antes de llegar a amargas conclusiones sobre la condición humana en general y la propia en particular, conviene leer en Marcos 6, 30-52 cómo armonizaba sus polaridades el que era “igual a nosotros menos en el pecado…”, pero tan bipolar como el que más (el calificativo es de González Faus, no mío). Ocurre después del signo de los panes (¿quién habla de multiplicación?). No había sido una operación tipo “buffet libre para todos”, sino una señal enigmática a conservar en la memoria para seguir haciéndose preguntas: qué pan es este que falta, pero que no se compra; que hay que ofrecer aunque sea insuficiente; que está vinculado a “lo de arriba” a través de la bendición; que no se agota aunque se reparta sin medida. Inmediatamente después Jesús “obligó a sus discípulos a embarcarse y a ir delante a la otra orilla y, después de despedir a la gente, subió al monte a orar” (Mc 6,45). Hay un matiz claro de urgencia y de cierta precipitación en su manera de actuar, como si le apremiara el deseo de quedarse solo: uno de sus polos – el de su relación secreta con el Padre - tira de él de manera irresistible y él cede a esa atracción, sube al monte y se pone a orar. Pero después su otro polo, el que le atrae hacia nosotros, “se activa” y le hace mirar desde arriba y desde lejos la barca en la que sus amigos reman trabajosamente con viento contrario. Y entonces deja la oración y baja del monte para ir a su encuentro con aquella extravagante ocurrencia de “caminar sobre el agua” y decirles: “No tengáis miedo, soy yo”. Ya está de nuevo con ellos, ya ha retomado su lugar familiar y “el viento se calmó”. No es una precisión metereológica, sino una manera de decir que las oposiciones han quedado reconciliadas y los contrarios armonizados. Que cuando “el Bipolar” oraba, no desenganchaba la atención hacia su gente; que era precisamente subir al monte lo que le daba mejor perspectiva para contemplarlos. Que el Distante – apartado y a solas- , seguía siendo el Atento, el Cercano, el Amigo que no se desentendía. Cuánta falta nos hace aprenderlo.

Miércoles de ceniza

En este día tan especial, nos hemos reunido durante muchos años los amigos de la comunidad de Alenza para recibir la ceniza y para meditar con calma en cómo relacionamos nuestra vida con la vida, muerte y resurrección de nuestro Señor Jesucristo. “Eres polvo”, pero has nacido del amor, y “en polvo te convertirás”, pero sabes que resucitarás. Vivimos momentos de desconcierto brutal y el entorno que nos rodea puede desanimarnos, pero en nuestro interior sabemos que es tiempo de esperanza, una esperanza exigente, laboriosa, paciente y capaz de lograr de conseguir lo mejor de nosotros mismos y de los otros. Año tras año hemos celebrado el miércoles de Ceniza, el inicio de una preparación personal y comunitaria de nuestras actitudes personales, de nuestra manera de ser y de actuar, de nuestra capacidad de ayudar y acompañar. Cuaresma constituye la memoria de nuestra reserva moral y espiritual, recordamos las gracias recibidas, unidos a toda la creación y a todos los seres humanos. Todos los días elegimos entre ser samaritanos o viajeros indiferentes que pasamos junto a los necesitados sin mirar ni preocuparnos. La pandemia que sufrimos puede enroscarnos en nuestro egoísmo o ayudarnos a salir de nosotros mismos para preocuparnos de los demás. La muerte cercana nos iguala, nos asocia y nos ayuda a preocuparnos de los demás. Todos dependemos de los otros. No estamos solos, el Señor nos precede en nuestro caminar removiendo las piedras que nos paralizan. El Señor con su cercanía y novedad puede siempre renovar nuestra vida y la de nuestra comunidad.